Antiguos mitos del dragón: Vritra, Tifón y Azi Dahaka

En una entrada anterior comencé una serie de artículos sobre los antiguos mitos del dragón, por lo que ahora deseo compartir con ustedes las historias de tres seres de leyenda estrechamente vinculados con las sagas dracónicas: Vritra, Tifón y Azi Dahaka.

Vritra, el Primogénito de los Dragones

El Rig Veda es el primero de los cuatro Vedas, los cuatro textos primarios del hinduismo, y se le considera uno de los textos más antiguos en lengua indoeuropea. El Rig Veda está conformado por numerosos himnos denominados sūkta, los cuales probablemente fueron compuestos en la región nororiental del subcontinente indio (la actual India y Pakistán) entre el 1500 y 1200 a.C. y eventualmente redactados en sánscrito védico alrededor del año 600 a.C. Los himnos en el Rig Veda están dedicados a las proezas y obras de ciertas divinidades védicas, algunas de las cuales son esencialmente fenómenos naturales deificados. Entre ellos se encuentra Indra, divinidad del rayo, el trueno, la tormenta, las lluvias y los ríos, cuyo enfrentamiento contra el dragón Vritra es quizá su hazaña más notable. Vritra tenía cautivas las aguas de los ríos, lo cual representaba un obstáculo para la prosperidad humana. Indra decide liberar las aguas del mundo poco después de nacer, ingiriendo Soma para aumentar su poder  (bebida ritual védica extraída a partir del jugo de una planta cuya identidad es desconocida) en los aposentos de Tvastar, el creador del universo en la religión védica. Fortalecido por el Soma, Indra recibe el rayo celestial creado por Tvastar  para derrotar a Vritra.

Yo declararé las grandes obras de Indra, la primera que él alcanzó, el Portador del Trueno.

Él mató al Dragón, luego liberó las aguas, y abrió los canales de los torrentes de las montañas.

Él mató al Dragón que yace en la montaña: su rayo celestial creado por Tvastar.

Como el mugido del ganado en un flujo rápido descendieron las aguas deslizándose hacia el océano.

Impetuoso como un toro, él eligió el Soma y en tres copas sagradas bebió los jugos.

Maghavan asió el trueno como su arma, y arremetió contra este primogénito de los dragones hasta darle muerte.

Cuando, Indra, así hubo matado al primogénito de los dragones, y venció los hechizos de los encantadores,

Entonces, dando vida al Sol y al Alba y al Cielo, no hubo ya ni un solo enemigo capaz de enfrentarse a él.

Indra con su gran y mortal trueno hizo pedazos a Vritra, el peor de los Vritras.

Como los troncos de los árboles, cuando llega el tiempo de que el hacha caiga sobre ellos, abajo en la tierra yace postrado el Dragón.

Él, como si fuera un guerrero débil y loco, desafió a Indra, el gran e impetuoso Héroe que acabó con muchos.

Él, no soportando el choque de armas, aplastó –el enemigo de Indra- los ruinosos fuertes al caer.

Aún sin pies y sin manos él desafió a Indra, quien lo golpeó con su rayo entre los hombros.

Abatido mas clamando vigor varonil, así yació Vritra con sus miembros descuartizados y esparcidos.

Allí mientras el yacía como un río cuyo banco arde, las aguas tomaron coraje y fluyeron sobre él.

El Dragón yace bajo el pie de torrentes que Vritra en su grandeza había envuelto.

Después fue humillada la fuerza de la madre de Vritra: Indra lanzó su rayo mortal contra ella.

La madre estaba arriba, el hijo estaba abajo y como una vaca al lado de su becerro yació Danu.

Enrollada entre las incesantes corrientes que fluyen sin descanso por siempre en adelante.

Las aguas llevaron el cuerpo sin nombre de Vritra: el enemigo de Indra se hundió en duradera oscuridad.  

Guardadas por Ahi se alzaban los esclavos de Dāsas, las aguas permanecían como ganado capturado por el ladrón.

Pero él, cuando hubo vencido a Vritra, abrió la cueva en la que las riadas habían sido aprisionadas.

Una cola de caballo había cuando él, Oh Indra, lo golpeó con su rayo: tú, dios sin un segundo,

Tú has recapturado el ganado, has ganado el Soma; tú has dejado que fluyan libres los Siete Ríos.

Nada le sirvió contra el rayo, nada contra el trueno, granizo o niebla que se esparcía alrededor de él:

Cuando Indra y el Dragón entraron en batalla, Magavhan obtuvo la victoria por siempre.

¿A quién has visto tú que quiera vengar al Dragón, Indra, como para que el miedo posea tu corazón cuando tú lo asesinaste;

Que, como un halcón asustado a través de las regiones, tú cruzaste noventa y nueve ríos fluyentes?  

Indra es Rey de todo lo que se mueve y de lo que no se mueve, de las criaturas dóciles y de las cornadas, el Portador del Trueno.

Sobre todos los hombres vivos él gobierna como Soberano, conteniéndolo todo como los rayos dentro de un aro.

-Rig Veda, Décimo Mandala, Himno XXXII, Indra

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Indra sometiendo a Vritra, Relieves de Phnom Kulen, Arte de Cambodia en el Musée Guimet, Paris, Francia. 

Al ser quien obstruía las aguas del mundo, el dragón Vritra suele ser asociado con las sequías, llegando a ser incluso considerado un obstáculo para la civilización humana. No obstante, existe también una teoría según la cual Vritra podría personificar el frío y el hielo propios de los Himalayas y de las montañas desde las cuales fluía el río Jhelum antes de pasar por la India y Pakistán; de hecho, se cree que en el pasado un gran cuerpo de agua era contenido por el hielo de las montañas (Griswold, 1999). El combate entre Vritra e Indra tiene varias semejanzas con el conocido motivo de la lucha entre el dios de la tormenta y las deidades asociadas con los fenómenos naturales más nefastos. La persistencia de Vritra y su actitud desafiante incluso frente a su inevitable derrota podrían representar la duración o el lento cambio entre una estación severa y otra más benigna.

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Indra – defeater of dragons (A. Fantalov, 2001, acuarela en papel 2001 http://fantalov.tripod.com/)

 

Tifón, Padre de Monstruos y Dragones

Luego que Zeus expulsó del cielo a los Titanes, la monstruosa Gea concibió su hijo más joven, Tifón en abrazo amoroso con Tártaro preparado por la dorada Afrodita. Sus brazos se ocupaban en obras de fuerza e incansables eran los pies del violento dios. De sus hombros salían cien cabezas de serpiente, de terrible dragón, adardeando con sus negras lenguas. De los ojos existentes en las prodigiosas cabezas, bajo las cejas, el fuego lanzaba destellos y de todas sus cabezas brotaba ardiente fuego cuando miraba. Tonos de voz había en aquellas ardientes cabezas que dejaban salir un lenguaje variado y fantástico. Unas veces emitían articulaciones como para entenderse con dioses, otras un sonido con la fuerza de un toro de potente mugido, bravo e indómito, otras de un león de salvaje furia, otras igual que los cachorros, maravilla oírlo, y otras silbaba y le hacían eco las altas montañas.

Hesíodo, Teogonía, El Nacimiento de Tifón

Tifón es uno de los seres más poderosos de la mitología griega, el cual suele ser descrito como un monstruoso gigante de cuyo cuerpo brotan cabezas y colas de serpientes o dragones, con ojos que destellan fuego y una voz estremecedora que hacía eco en las montañas. Existen varias versiones sobre el mito de Tifón; las más conocidas pertenecen a la Teogonía del poeta griego Hesíodo (compuesta en el siglo VII a.C.), al Himno Homérico a Apolo atribuido al recitador Cynaethus (siglo VII a.C.), al libro Biblioteca mitológica de Apolodoro (se desconoce la identidad real de éste autor, pero se estima que esta obra fue compuesta entre los siglos I y II d.C.), y a las Dionisíacas de Nono de Panópolis (siglos IV-V d.C.). La mayoría de ellas coinciden en que Tifón es el más terrible hijo de Gea, deidad primigenia que personifica la Tierra, el cual fue concebido para derrotar a los dioses del Olimpo debido a que estos destronaron a los Titanes, los primeros hijos de Gea; sin embargo, tras entablar feroz combate con Zeus, Tifón es vencido y arrojado al Tártaro, donde es finalmente confinado. Asimismo, se cuenta que Tifón se unió a Echidna para procrear numerosos monstruos, entre los que se encuentran Ortro, Cerbero, la Hidra de Lerna, el dragón Ladón, el dragón de la Cólquide, entre otros.

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Tifón, el gigante monstruoso, Munich 596, hidria calcídica, c. 540 B.C., Staatl, Antikensammlungen und Glyptothek, München.

Si bien el mito de Tifón contiene varios elementos propios del conocido motivo del dios de la tormenta contra la gran serpiente marina, la versión proporcionada por Apolodoro en su Biblioteca Mitológica nos ofrece un relato donde el cruce cultural entre las antiguas civilizaciones del Medio Oriente y Europa Meridional es evidente, como se puede apreciar en el siguiente fragmento:

Cuando los dioses hubieron vencido a los Gigantes, Gea, aún más encolerizada, se une a Tártaro y da a luz en Cilicia a Tifón, que tenía naturaleza mixta de hombre y fiera. En talla y fuerza aventajaba a todos cuantos había parido Gea; con forma humana hasta los muslos y descomunal tamaño que sobrepasaba todos los montes, su cabeza, a veces,  tocaba las estrellas; en cuanto a sus manos, una alcanzaba el occidente y la otra el oriente; de ellas salían cien cabezas de dragones. De los muslos, enormes anillos de víboras que, al proyectarse, llegaban hasta la cabeza emitiendo un fuerte silbido; su cuerpo estaba todo cubierto de alas; desde la cabeza y el mentón sucios cabellos ondeaban; lanzaba fuego con los ojos. Tal y tan poderoso era Tifón, que arrojando piedras ardientes alcanzaba al mismo cielo entre silbidos y gritos; de su boca brotaba un gran chorro de fuego. Cuando los dioses lo vieron abalanzarse al cielo huyeron a Egipto y, perseguidos, adoptaron forma animal. Sin embargo Zeus fulminó a Tifón desde lejos y cuando lo tuvo cerca lo derribó con una hoz de acero; al huir éste lo persiguió hasta el monte Casio, que se eleva sobre Siria, y allí viéndolo herido se enzarzó con él. Tifón, enlazando a Zeus con sus anillos, lo sujetó, le quitó la hoz y le cortó los tendones de manos y pies; luego lo transportó sobre sus hombros a través del mar hasta Cilicia y al llegar lo abandonó en la cueva Coricia. Asimismo dejó allí los tendones ocultos en la piel de un oso y puso como guardián a la dragona Delfine, medio animal, medio mujer. Pero Hermes y Egipán sin ser vistos robaron los tendones y se los aplicaron a Zeus. Éste recobró su fuerza, e inmediatamente, transportado desde el cielo en un carro de caballos alados, persiguió con sus rayos a Tifón hasta el monte llamado Nisa, donde las Moiras engañaron al fugitivo, que, persuadido de que así se fortalecería, comió los frutos efímeros. De nuevo acosado llegó a Tracia y combatiendo cerca del Hemo arrojó montes enteros, que al rebotar sobre él a causa del rayo le hicieron derramar abundante sangre en la montaña: por ello dicen que la montaña se llama Hemo. Cuando intentaba huir a través del mar Sículo, Zeus le echó encima el monte Etna, en Sicilia, que es enorme; se cree que aún hoy exhala fuego a causa de los rayos entonces arrojados.

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Typhon (Emily C. Martin, 2014, mixed media sobre tabla http://www.megamoth.net/

El relato proporcionado por Apolodoro se asemeja el mito de Illuyanka y el dios hitita de la tormenta, Tarhunt, pues tanto éste como Zeus inicialmente caen ante sus enemigos: Illuyanka le arrebata el corazón y los ojos a Tarhunt antes de que éste consiguiera huir, mientras que Tifón le quita la hoz a Zeus y le corta los tendones antes de llevárselo a la cueva Coricia; más aún, ambos dioses de la tormenta recuperan lo que perdieron a través de la ayuda de terceros (Hermes y Egipán en el caso de Zeus, Sarruma y su esposa en el caso de Tarhunt), con lo que consiguen derrotar a sus monstruosos oponentes. Por otro lado, el que los dioses del Olimpo huyeran a Egipto y se volvieran animales podrían indicar un intento por asociar a las deidades griegas con las egipcias (como bien sabemos, algunas de estas últimas solían ser representadas por ciertos animales).

Como avatar del aspecto destructivo de la naturaleza, Tifón está asociado con el viento –tanto Hesíodo como Apolodoro hacen alusión a esto al mencionar los potentes silbidos y vientos huracanados que emitía éste gigante­­– pero su aprisionamiento bajo el monte Etna (Apolodoro) o la violenta llamarada que brota de Tifón antes de fundirse con la tierra hasta hundirse en el Tártaro (Hesíodo) lo vinculan con el fuego y a la actividad volcánica bajo la tierra.

A pesar de que no sería completamente acertado considerar a Tifón como un dragón, no resulta difícil asociarlo con ellos. Parte de su cuerpo está formada por cientos de cabezas de dragones, recibió la ayuda de la dragona Delfine para guardar los tendones de Zeus, engendró a algunos de los dragones mitológicos griegos más conocidos, y su capacidad de arrojar fuego por los ojos o por la boca podrían hacer de su mito una de las fuentes que inspiraron el aliento de fuego de los dragones, atributo que con el tiempo sería incorporado a la naturaleza del dragón.

Aži Dahāka, el Enemigo del Mundo Físico

Enseguida me dio respuesta H(a)oma, el sagrado, y llevándose a la muerte lejos: ¡Âthwya fue el segundo que me preparó para el mundo corpóreo. Su bendición le fue otorgada, su dádiva él adquirió, para que le fuera nacido un hijo, Thraêtaona de la tribu heroica,

El cual derrotó al dragón Dahāka, de tres mandíbulas y tres cabezas, seis ojos, con miles de poderes, y de gran fuerza, un demonio de la mentira de los Daêvas, maligno para nuestros pueblos, y malvado, a quien el espíritu maligno Angra Mainyu lo hizo el más poderoso de los Drug(k) [contra el mundo corpóreo], para que asesine a nuestros pueblos, y para que destruya los (hogares) de Asha!

Zend-Avesta, Yasna IX, Hôm Yast, versos 7-8

En el Avesta, una de las colecciones de los textos religiosos más importantes del zoroastrismo, los ažis son monstruos creados por el espíritu maligno Angra Mainyu – aži es la palabra avéstica para “serpiente” o “dragón”- que tienen por objeto destruir el mundo físico. De entre ellos, el más prominente es Aži Dahāka, el cual es descrito como un enorme dragón con tres cabezas, un destructor de ciudades y enemigo del Asha (el orden del mundo) que es considerado como una de las más poderosas encarnaciones de la maldad y la mentira concebidas.

Los yasts, himnos poéticos del Avesta recitados para invocar las dádivas de ciertas divinidades, cuentan que la malvada naturaleza de Aži Dahāka lo lleva incluso a pedir la bendición de Vayu (deidad del viento y la atmósfera) y de Ardvi Sûra Anâhita (divinidad de las aguas, fertilidad, curación y sabiduría) para erradicar a los hombres de las siete regiones del mundo (karshvares), quienes niegan su petición a pesar de las cuantiosas ofrendas que les hizo. Eventualmente, Aži Dahāka captura y encanta a las dos hijas del rey Yima, Savanghavâk y Erenavâk, las mujeres más hermosas de la tierra a quienes él hace sus esposas. El héroe humano Fereydun (Thraêtaona en avéstico) decide rescatarlas, y le pide ayuda a las dos mismas divinidades que le negaron su favor a Aži Dahāka, Vayu y Ardvi Sûra Anâhita, las cuales sí aceptan los sacrificios de Fereydun y le otorgan su bendición para que pueda vencer al dragón.

Ofrece un sacrificio, ¡oh Spitama Zarathustra!, a ésta descendiente mía, Ardvi Sûra Anâhita…

A ella Aži Dahāka, el de tres bocas, le ofreció un sacrificio en la tierra de Bawri, de cien caballos machos, mil bueyes, y diez mil corderos.

Él le rogó una bendición, diciendo: “Otórgame esta bendición, ¡oh buena, benignísima Ardvi Sûra Anâhita!, para que pueda hacer que en todos los siete Karshvares ya no hayan hombres.” 

Ardvi Sûra Anâhita no le otorgó esa bendición, a pesar de que él le ofrecía libaciones, regalos, sacrificios, y le suplicaba que ella le diera esa bendición.

Por su brillo y gloria, yo le ofrezco a ella un sacrificio…

Ofrece un sacrificio, ¡oh Spitama Zarathustra!, a ésta descendiente mía, Ardvi Sûra Anâhita…

A ella, Thraêtaona, el heredero del valiente clan Âthwya, le ofreció un sacrificio en Varena de las cuatro esquinas, de cien caballos machos, mil bueyes, y diez mil corderos.

Él le rogó una bendición, diciendo: “Otórgame esta bendición, ¡oh buena, benignísima Ardvi Sûra Anâhita!, para que pueda derrotar a Aži Dahāka, el de las tres bocas, tres cabezas, seis ojos, que tiene un millar de sentidos, aquél que es el más poderoso, demoniaco Drug, ese demonio, siniestro para el mundo, el más fuerte Drug que Angra Mainyu ha creado contra el mundo material, para destruir el mundo del buen principio; y para que pueda liberar a sus dos esposas, Savanghavâk y Erenavâk, quienes son las más hermosas de cuerpo entre las mujeres, y las más maravillosas criaturas en el mundo.”

Ardvi Sûra Anâhita le otorga esa bendición, pues él estaba ofreciendo libaciones, regalos, sacrificios, y suplicando que ella le otorgue esa bendición.

Por su brillo y gloria, yo le ofrezco a ella un sacrificio…

Zend-Avesta, Yast V, Âbân Yast, capítulos VIII-IX, versos 28-35

 

Yo ofreceré sacrificio a las Aguas y a Aquél que las divide…

A Vayu ofrecemos sacrificio, a Vayu invocamos…

A él Aži Dahāka, el de tres bocas, le ofreció un sacrificio en su maldito palacio de Kvirinta, en un trono de oro, bajo vigas de oro y un baldaquín de oro, con montones de baresma y ofrendas de [leche] hirviente.           

Él le rogó una bendición, diciendo: “Otórgame esta bendición, ¡oh Vayu!, quien trabaja en lo alto,  para que pueda hacer que en todos los siete Karshvares ya no hayan hombres.” 

En vano él hizo sacrificios, en vano suplicó, en vano invocó, en vano ofreció obsequios, en vano trajo libaciones; Vayu no le otorgó esa bendición.

Por su brillo y gloria, yo le ofrezco un sacrificio digno de ser escuchado…

Yo ofreceré sacrificio a las Aguas y a Aquél que las divide…

A Vayu ofrecemos sacrificio, a Vayu invocamos…

A él, Thraêtaona, el heredero del valiente clan Âthwya, le ofreció un sacrificio en Varena de las cuatro esquinas.            

Él le rogó una bendición, diciendo: “Otórgame esta bendición, ¡oh Vayu!, quien trabaja en lo alto,  para que pueda derrotar a Aži Dahāka, el de las tres bocas, tres cabezas, seis ojos, que tiene un millar de sentidos, aquél que es el más poderoso, demoniaco Drug, ese demonio, siniestro para el mundo, el más fuerte Drug que Angra Mainyu ha creado contra el mundo material, para destruir el mundo del buen principio; y para que pueda liberar a sus dos esposas, Savanghavâk y Erenavâk, quienes son las más hermosas de cuerpo entre las mujeres, y las más maravillosas criaturas en el mundo.”

Vayu, el que trabaja en lo alto, le otorgó esa bendición, pues el Creador, Ahura Mazda, lo deseaba.

Ofrecemos sacrificio al sagrado Vayu…

Por su brillo y gloria, yo le ofrezco un sacrificio digno de ser escuchado…

Zend-Avesta, Yast XV, Râm Yast, capítulos V-VI, versos 18-25

Aži Dahāka representa varios de los males para las tribus iraníes que se instalaron en la región de Turquestán (entre el mar Caspio y el desierto de Gobi) que abrazaron el zoroastrismo. En primera instancia, es una amenaza del mundo físico y de los fundamentos del zoroastrismo, y aunque no parece estar relacionado con ningún desastre natural (como en el caso de otras criaturas similares), su capacidad para destruir el mundo corpóreo y los asentamientos de los seres humanos podría ser una reminiscencia de los atributos de los dragones y serpientes marinas propios de otras culturas más antiguas de las regiones vecinas (Mesopotamia, Persia, Acadia, etc.). Más aún, los zoroastrianos identificaban las tierras de Bawri y el palacio de Kvirinta –los lugares donde Aži Dahāka realizó los sacrificios para conseguir el favor de Vayu y  Ardvi Sûra Anâhita- con Babilonia y las tierras donde habitaban los caldeos, enemigos de las antiguas tribus iraníes (Mills, 1887).

Las tres cabezas de Aži Dahâka y su naturaleza maligna podrían haber inspirado un mito posterior sobre Aži Dahâka que aparece en el poema épico Shahnameh escrito por el poeta persa Ferdousí entre los siglos IX y X d.C. (se estima que el Zend-Avesta, la colección de los primeros textos del Avesta, fue escrito durante el imperio sasánida entre los siglos II y VI d.C.). En ésta versión, Aži Dahâka es un malvado rey humano (denominado Zahhāk en el poema) que obtuvo su corona tras asesinar a su propio padre tras escuchar el consejo de Ahriman (Angra Mainyu en persa medio); poco tiempo después, Ahriman se le vuelve a presentar como un maravilloso cocinero que le sirve banquetes suntuosos por varios días, pidiéndole como recompensa que le permitiera darle un beso en cada hombro. Zahhāk acepta, pero luego de que Ahriman le hubiera besado, dos serpientes negras brotan de los hombros de Zahhāk (ahora éste tiene tantas cabezas como Aži Dahâka), las cuales simplemente volvían a crecer si es que eran cortadas. Posteriormente Ahriman vuelve a presentarse al rey como un talentoso médico que le dice que la única manera de evitar que las serpientes se alimenten de su cuerpo era proporcionándoles cerebros humanos, lo cual simplemente acrecentó su tiranía, pues empezó a asesinar a dos personas cada día para alimentar a las serpientes.  Al pasar el tiempo, Zahhāk se propuso tomar la corona de Jamshid, el rey del mundo, a quien capturó y asesinó después de hacerlo huir cuando éste vió sus vastas huestes, y obligó a que los líderes del reino testifiquen su legitimidad en el trono. Sin embargo, muchos de ellos deciden apoyar al joven héroe Fereydun para que éste reclame el trono que Zahhāk arrebató –anteriormente él había intentado capturar al héroe a causa de un sueño que tuvo, en el que éste destronaba a Zahhāk. Fereydun lucha y derrota a Zahhāk después de  golpear a su adversario en los hombros, el corazón y el cráneo; sin embargo, Zahhāk no llega a morir, sino que es atado bajo el monte Damavand, el volcán más alto de Irán y de Asia, donde permanecerá hasta el fin de los tiempos, cuando volverá a ser liberado.

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Zahhak dream [El sueño de Zahhak] por Juliano Zasso, arte del libro Armenian History in Italian Art

Otra curiosa característica del mito de Aži Dahâka es la introducción del tema “la doncella y el dragón”, el cual también está presente en las leyendas iraníes de Rostam, Āḏar Barzīn, y  otros asesinos de dragones. El agua y las lluvias que en las religiones anteriores al zoroastrismo están custodiados por o relacionados a un dragón o serpiente marina  han sido reemplazados por la mujer como símbolo de fertilidad y vida, que en éste caso en particular es representado las hijas del rey Yima que son rescatadas por Fereydun (Russell, 1987). Asimismo, creo conveniente recalcar que el protagonismo del dios del rayo ha sido traspasado al héroe humano, tendencia que empezará a hacerse más común en los futuros mitos en el Asia y la Europa medieval.

Finalmente, Aži Dahâka también desempeña un papel escatológico en el zoroastrismo, como se relata en el Bahman Yast, texto religioso en lengua pahlaví:

“…Ahora han pasado nueve mil años, y Fereydun ya no está vivo, ¿por qué no te alzas, aunque estos grilletes aún no han sido removidos, cuando este mundo está lleno de gente, y ellos las han traído del recinto que formó Yim?”

Después de los gritos del apóstata, y debido a eso, Aži Dahâka se alzó ante él, pero, por miedo a la figura de Fereydun en el cuerpo de Fereydun, él no removerá esos grilletes ni la estaca de su tronco hasta que Ahriman los remueva. Y el vigor de Aži Dahâka incrementará, los grilletes serán removidos de su tronco, y su impetuosidad permanece igual; él devorará al apóstata al instante, y se arrojará al mundo para perpetrar pecado, él cometerá innumerables pecados lamentables; él devorará un tercio de la humanidad, el ganado, las ovejas y otras criaturas de Ahura Mazda; él lastimará al agua, fuego, y vegetación, y cometerá pecados lamentables. 

Bahman Yast, Capítulo III, versos 54-56

En la concepción del fin del mundo en el zoroastrismo, Aži Dahâka se alzará para devorar gran parte de la humanidad y causar un daño inimaginable al mundo; para evitarlo, Ahura Mazda devolverá a la vida al héroe Keresâsp, el único capaz de derrotar al dragón y evitar que la maldad que emanaría de su cuerpo muerto lo dañe (motivo por el cual Fereydun no le dio muerte) ya que el cuerpo de Keresâsp está protegido por el fravashi (espíritu) de 99,999 personas justas. Es posible que la figura de Aži Dahâka esté conectada con el gran dragón del libro de Revelaciones de la Biblia y la serpiente Jormungander del Ragnarok escandinavo, en los cuales el destino final del mundo es decidido por la derrota del salvador y del héroe sobre el mal que representa el dragón. Esto es lo que, en mi humilde opinión, hace del mito de Aži Dahâka un punto intermedio entre los antiguos mitos de los dragones y las futuras sagas medievales sobre los héroes que se enfrentarán con estas criaturas fantásticas.

corupted_dragon___azi_dahaka_by_kuronneko-d6qfr61

Corrupted dragon: Azi Dahaka (arte por kuronneko http://kuronneko.deviantart.com/art/Corupted-dragon-Azi-Dahaka-407202121)

 

Referencias:

-Darmesteter, James (1882), The Zend Avesta, Part II, Sacred Books of the East, Vol. 23. Recuperado de http://www.sacred-texts.com/zor/sbe23/index.htm

-Griffith, Ralph T.H. (1896), The Rig Veda. Recuperado de http://www.sacred-texts.com/hin/rigveda/index.htm

-Griswold, H.D. (1999), The Religion of the Rigveda, Motilal Banarsidass Publishers Private Limited, Delhi (pp. 180-182).

-Mills, L. H. (1887), The Zend Avesta, Part III, Sacred Books of the East, Vol. 31. Recuperado de http://www.sacred-texts.com/zor/sbe31/index.htm

-Rodríguez de Sepúlveda, Margarita (1985), Apolodoro – Biblioteca, Editorial Gredos, S. A., Sánchez Pacheco, 81, Madrid, España.

-Russell, J.R., Skkaervo P.O., Khaleghi-Motlagh, Dj. (1987), AŽDAHĀ, Encyclopædia Iránica, Vol. III, Fasc. 2, pp.191-205. Recuperado de http://www.iranicaonline.org/articles/azdaha-dragon-various-kinds

-West, E. W. (1880), Pahlavi Texts, Part I, Sacred Books of the East, Vol. 5. Recuperado de http://www.sacred-texts.com/zor/sbe05/index.htm

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