La Serpiente Emplumada de Mesoamérica

Serpiente Emplumada Xochicalco

Templo de la Serpiente Emplumada de Xochicalco, estado de Morelos, México.

Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada.

La serpiente era la tierra

                Devoradora de vida

                               Y dadora de vida.

Serpiente-pájaro = material alada.

Unión de la tierra con el cielo.

Tierra que se eleva y cielo que desciende.

(Unidos en la cima de la pirámide.)

                Culebra erguida y pájaro que baja.

La materia ascendiendo hacia la luz.

La lucha de la luz.

Quetzalcóatl (1988) – Ernesto Cardenal.

La serpiente emplumada es una de las figuras mitológicas más profusas en el panteón de las culturas precolombinas de Mesoamérica. Más conocida bajo el nombre de Quetzalcóatl, la naturaleza, leyendas y atributos que rodean a esta deidad varían en mayor o menor grado entre las distintas culturas (Olmecas, Toltecas, Mayas, Aztecas, etc.) que la integraron en su cosmovisión bajo diversos nombres (Kukulkán, Ehecatl). En náhuatl, la mayor lengua nativa de México, la palabra “quetzal” significa “cola preciosa de plumas brillantes e iridiscentes” y es empleada para designar a un ave provista de un plumaje hermoso o a las plumas de la misma, mientras que la palabra “coatl” significa “serpiente”; de esta forma, Quetzalcóatl se traduce como “serpiente quetzal” o “serpiente emplumada”, por lo que no resulta difícil vincular a ésta divinidad con la imagen de un dragón. Tanto las representaciones de la serpiente emplumada en la iconografía mexicana precolombina como las manifestaciones de sus poderes divinos en la mitología reúnen muchas de las características propias de un dragón, aún más si consideramos que los términos “dragón” y “serpiente” eran usados indistintamente por las civilizaciones antiguas para referirse a una serpiente de gran tamaño con atributos sobrenaturales.

Quetzal centroamericano

Quetzal centroamericano

Signo_Cóatl

Coatl (serpiente) en el  calendario ritual mexica Tonalpohualli representado en el Códice Laud (MS. Laud Misc. 678), Bodleian Library, Oxford.

 

Quetzalcóatl es sin duda una deidad de origen e identidad complejos debido a la intricada fusión cultural ocurrida antes y después de la conquista española. De acuerdo al arqueólogo mexicano Román Piña Chan (1977), el mito de Quetzalcóatl se originó a partir del culto a una “serpiente nube de lluvia”, una antigua divinidad del agua mesoamericana. Las leyendas en torno a la relación entre las serpientes, el agua y el clima todavía existen en la tradición oral de ciertas etnias mexicanas (Spero, 1987): los choles y tetzales cuentan que las “culebras de agua” son responsables de la mayoría de muertes por ahogamiento al atrapar y hundir en las profundidades a sus víctimas; los zoques creen que las “serpientes rayo” se llenan de agua en los lagos y ríos para luego ascender al cielo y convertirse en centellas que dejan caer la lluvia, y en las creencias huicholes la madre de las diosas de las lluvias es llamada “nuestra diosa serpiente”, la cual tras ascender al cielo se convierte en una divinidad de las nubes.  Esta misma relación está presente en el calendario ritual mexica Tonalpohualli que aparece en el Códice Laud, en donde el quinto marcador de día es denominado “coatl” (serpiente), signo asociado con el agua (González Torres, 1991).

Según Román Piña Chan, es en Tlatilco, zona ubicada al noroeste de la Ciudad de México, donde aparece una de las primeras representaciones de la serpiente como símbolo del agua grabada en un cajete, la cual eventualmente se fusionaría con la imagen del jaguar, al que la cultura Tlatilco vinculaba con la tierra, para dar origen a una especie de “dragón ofidiano-jaguar” que, al combinar los elementos agua y tierra, era asociado con la fertilidad de la tierra, la agricultura y, por consiguiente, la vida. Con el tiempo, la imagen de este ser se extendería a otras regiones que, al igual que Tlatilco, estaban influenciadas por la cultura olmeca, quienes lo asimilarían en su propia cosmovisión.

Cajete con serpiente

Cajete con serpiente (1200-400 a.C.) procedente de Tlatilco, Estado de México – Museo Nacional de Antropología (foto del Instituto Nacional de Antropología e Historia, México)

Botellón con perfil de animal fantástico

Botellón con engobe negro que representa al jaguar-serpiente (1200-600 a.C.) procedente de Tlatilco, Estado de México – Museo Nacional de Antropología.

Representaciones Serpiente dragon

Representaciones completas de los motivos anteriores (a, c) y garra de jaguar (b), Piña Chan (1977)

Dragón olmeca vasija efigie

Efigie del jaguar-serpiente (1200– 600 a.C.) procedente de Tlapacoya, Estado de México -Museo Nacional de Antropología.

Piña Chan explica que este jaguar-serpiente se transformaría en una serpiente de cascabel provista de plumas o alas como deidad de las nubes, la lluvia y la fertilidad, y ésta en la cultura Teotihuacana se convertiría en una anunciadora sobrenatural del dios de la lluvia Tláloc, una de las deidades más antiguas de Mesoamérica. Ésta afirmación se basa en la iconografía presente en  los tableros y taludes del Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacán, en los que aparecen figuras de conchas y caracoles marinos que, al combinarse con el cuerpo ondulante de las serpientes de los taludes y las cabezas de serpientes emplumadas de los tableros, parecen asociar a la divinidad serpiente tanto con el agua terrestre proveniente de las nubes como con el agua marina. Es así como la serpiente emplumada que simboliza la lluvia que se desplaza en forma nubes sobre el cielo finalmente devendría en la figura del dios Quetzalcóatl como deidad del cielo, la agricultura y el maíz.

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Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacán, estado de México.

Temple of the Feathered Serpent

Detalles de cabezas de serpiente emplumada, tocados de Cipactli, serpientes ondulantes y caracolas marinas en el Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacán.

No obstante, existen representaciones de la serpiente emplumada tan antiguas como las efigies del jaguar-serpiente, tales como la Serpiente Emplumada de las grutas de Juxtlahuaca (1200-400 a.C.) y el Monumento 19 de La Venta (600-400 a.C.), ambos pertenecientes a los pueblos que conformaron la cultura olmeca; asimismo, estudios posteriores señalan que la serpiente emplumada tiene un simbolismo diferente al expuesto anteriormente, ya que la unión del ave con la serpiente puede representar el vínculo entre la tierra y el inframundo con el cielo y el cosmos (Gillespie, 2008), una noción que se iría desarrollando con la evolución del pensamiento de las civilizaciones mesoamericanas y que se acerca más a la imagen y naturaleza del dios Quetzalcóatl. Por otro lado, la hipótesis de Piña Chan sobre el origen de Quetzalcóatl presupone que el Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacán sido dedicado al culto del dios de la lluvia Tláloc, pero otras investigaciones afirman que éste templo fue dedicado únicamente a la serpiente emplumada o  Quetzalcóatl (Sugiyama, 1989; López Austin, López Luján, y Sugiyama, 1991). En consecuencia, es difícil determinar con exactitud si la figura de Quetzalcóatl se deriva de la serpiente nube de lluvia o de la serpiente emplumada, siendo incluso razonable concebir que ésta deidad simplemente haya asimilado los atributos de ambas divinidades en la posteridad.

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Serpiente Emplumada de las grutas de Juxtlahuaca (1200-400 a.C.)

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Monumento 19 de La Venta (600-400 a.C.), Museo Nacional de Antropología, México.

A partir del auge de la cultura Teotihuacana (siglos III-VII d.C.), la serpiente emplumada dejaría de ser una deidad menor (como lo había sido para los olmecas) para adquirir un significado más complejo, y el Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacán es una muestra de ello. Ya habíamos mencionado que el cuerpo ondulante de las serpientes de los taludes y las representaciones de caparazones de diversos moluscos podrían relacionarse al agua, pero es posible que éstos mas bien representen el paso del tiempo (López Austin et al., 1991), más aún si se considera que en los tableros del templo las cabezas de serpientes emplumadas están alternadas con las cabezas de una criatura sin mandíbula inferior identificada con Cipactli (lagarto negro/caimán en nahuatl), un monstruo femenino y acuático que, según las creencias nahuatl, en el principio de los tiempos fue dividido en dos partes para formar con ellas el cielo y la tierra (Historia de los Mexicanos por sus pinturas, 1530), y el cual unido al numeral uno es el primer día del año en el calendario ritual Tonalpohualli, siendo un signo con un fuerte sentido de principio. En éste sentido, Quetzalcóatl podría ser el cargador del tiempo al portar el tocado de Cipactli, lo que haría de éste templo un lugar de veneración a la sucesión del tiempo y los destinos, y también al momento en el que Quetzalcóatl creó a los hombres (López Austin et al., 1991).

La Leyenda de los Soles también aporta información importante sobre la naturaleza de Quetzalcóatl. Son varias las versiones de esta leyenda, pero todas giran en torno a la concepción náhuatl de las eras del mundo y del destino final de las mismas. La mayoría de las fuentes divide el tiempo del mundo en cuatro o cinco eras, cada una de las cuales tuvo a una divinidad que hacía de sol para el mundo hasta el fin de esa era, tras la cual el mundo y sus habitantes eran destruidos antes de volver a ser creados. La versión más antigua de esta leyenda está grabada en un disco monolítico conocido como la Piedra del Sol, pero la mayoría proviene de documentos escritos en la era colonial, algunos de los cuales eran códices o copias de documentos precolombinos perdidos (como el Códice Chimalpopoca y el Códice Vaticano A), y otros eran manuscritos traducidos al español que recogían las tradiciones indígenas (como la Historia de los Mexicanos por sus Pinturas atribuida a fray Andrés de Olmos).  En líneas generales, esta leyenda cuenta que los dioses fueron creados por Ometéotl, dios de la dualidad, los cuales tras formar el mundo entran en un largo conflicto. El dios Tezcatiploca se alzó como el primer sol del mundo para alumbrar a los gigantes que fueron creados por los dioses, y éste fue denominado el Sol de Tierra, después de lo cual Quetzalcóatl le dio un golpe con un gran bastón que lo derribó. Tezcatiploca cae al agua y surge como un ocelote. Entonces aparecen más ocelotes en la tierra que devoran a los gigantes. Quetzalcóatl ocupa luego su lugar como el segundo sol para los humanos, el Sol de Viento, pero Tezcatiploca, aún convertido en ocelote, le da una coz y lo hizo caer, tras lo que se levantó un viento que se los llevó a todos, menos a los que se sujetaron a los árboles, quienes se convertirían en monos. Tezcatiploca pone al dios Tlalocatecuhtli como el Sol de Fuego para la tercera era, mas esta llega a su fin cuando Quetzalcóatl hace llover fuego del cielo, lo que hizo que los humanos que habitaban el mundo se convirtieran en aves. Entonces Quetzalcóatl puso a la diosa Chalchiuhtlicue como Sol de Agua, pero por intervención de Tezcatiploca llueve tanta agua que se produce un diluvio que hizo que los humanos que no perecieron se convirtieran en peces. Finalmente, Quetzalcóatl se volvió el sol de la quinta era, el Sol de Movimiento, y esa es la era actual, la cual terminará cuando Tezcatiploca se robe al sol (Moreno, 1967).

Piedra del Sol

Piedra del Sol (1250-1521 d.C.), Museo Nacional de Antropología e Historia, Ciudad de México.

Entre las deidades mencionadas en la leyenda se encuentra el dios de la dualidad Ometéotl, el cual está formado por dos deidades que son una: Ometecuhtli, la esencia masculina de la creación, y su esposa Omecíhuatli, la esencia femenina. La dualidad es una noción esencial en la mitología mexica, y Quetzalcóatl no es la excepción, pues su carácter dual se complementa con Tezcatiploca, dios del cielo nocturno, las estrellas y la magia primitiva, dos aspectos opuestos de una misma deidad (Martí, 1960), dualidad que ya se manifiesta en el simbolismo detrás de la serpiente emplumada (tierra y aire) o el jaguar-serpiente (tierra y agua). Tezcatiploca también es quien da muerte al monstruo marino Cipactli tras sacrificar su pie para atraerlo antes de la formación del mundo conocido (Historia de los Mexicanos por sus pinturas, 1530); de ahí que pueda existir un vínculo más entre los tocados de Cipactli del Templo de la Serpiente Emplumada de Teotihuacán y la deidad venerada en este lugar.

Otro punto de particular interés es que en algunas de las versiones de la Leyenda de los Soles, Quetzalcóatl debe descender a la región de los muertos tras la destrucción de los humanos en la cuarta era para reunir huesos del hombre y la mujer y rociarlos con su sangre con el propósito de devolver a la humanidad a la vida, entregándoles  el maíz como alimento (Códex Chimalpopoca). Quetzalcóatl era asociado con Venus en las culturas mesoamericanas, y su descenso al inframundo para reaparecer como la estrella de la mañana podría servir para explicar tal relación (Wirth, 2002).

Como producto de la amalgama cultural precolombina, Quetzalcóatl reúne los atributos de diversas divinidades importantes de la mitología mexica.  En la lengua náhuatl ocasionalmente aparece bajo el nombre de Ehécatl (el viento) entre los aztecas, el cual sopla el viento desde cuatro partes del mundo y barre el camino para los dioses del agua (Florescano, 2003), lo que realza su aspecto como deidad benefactora que transporta el agua en forma de nubes a través del viento. De igual forma, como deidad que entregó el maíz para el sustento de la humanidad, Quetzalcóatl parece personificar al dios maya del maíz, Hun-Hunahpú (Kerr, 2002). Pero Quetzalcóatl  no sólo ha sido vinculada con otras figuras sobrenaturales, pues también existió un sacerdote-gobernante olmeca del siglo X bajo el nombre de Ce Acatl Topiltzin Quetzalcóatl que fue elegido rey en la ciudad de Tula, del cual se dice instruyó a las personas en las artes y las ciencias, y sustituyó el sacrificio humano por el de serpientes y mariposas (Códice Chimalpopoca); tanto éste hecho como el profundo significado de la figura mitológica de la Serpiente Emplumada ha hecho que ésta deidad sea adoptada como símbolo del poder de las élites gobernantes de Mesoamérica, algunos de los cuales ostentaban el nombre o título de Quetzalcóatl al alzarse como líderes y sumos sacerdotes para afianzar su derecho a gobernar (Lucero y Panganiban, 2015).

Quetzalcoatl-Ehecatl

Quetzalcoátl-Ehécatl (Códice Laud)

El extenso cuerpo de mitos y leyendas en torno a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, hace que sea posible su comparación con el mito del dragón en otras culturas. En su facultad como entidad dual de la creación y destrucción, demostrado en sus aspectos como Quetzalcóatl y Tezcatiploca en la Leyenda de los Cinco Soles, engloba el conflicto entre el dios de la tormenta y la gran serpiente o dragón en la cosmovisión de las civilizaciones del Antiguo Oriente Próximo. En su aspecto individual como Quetzalcóatl, no obstante, se asemeja mucho más a los dragones del este de Asia, como los Reyes Dragones de la mitología china, ya que éstos generalmente no comparten la naturaleza maligna que suele caracterizar a sus contrapartes occidentales, sino que están asociados con la sabiduría y el clima (principalmente con los elementos agua y aire), dos de los atributos principales de Quetzalcóatl. Más aún, las leyendas sobre los primeros gobernantes de las naciones que se gestaron en estas regiones de Asia suelen relacionarlos con los dragones: el primer emperador de Japón era considerado un descendiente Ryūjin, el dios dragón que gobernaba el océano, y el legendario emperador chino Huang Di se convirtió en dragón antes de morir para ascender al cielo, hecho que puede compararse con la adopción de la serpiente emplumada como emblema de los gobernantes de la cultura Teotihuacana. Esta similitud ha hecho de que incluso se haya teorizado la posibilidad de que el mito del dragón pudo haber llegado a los nacientes pueblos de América precolombina en la forma de tradiciones orales compartidas por los marinos y exploradores que surcaron las rutas marítimas que cruzaban el Pacífico desde el sudeste asiático, ocasionando que los habitantes del continente americano adopten al dragón como un elemento sobrenatural adicional en sus creencias (Elliot Smith, 1919), pero de un modo más conforme a su propia interpretación de la realidad y del orden de su sociedad. Si alguna vez un dragón sobrevoló los cielos de la imaginación mesoamericana precolombina, éste sin duda fue Quetzalcóatl.

Quetzalcoatl's Rage

Quetzalcoatl’s Rage por Carlos Ortega Elizalde (http://carlosortega3d.com/)

 

Referencias:

-Elliot Smith, Grafton (1919), The Evolution of the Dragon, published in Manchester for the John Rylands Library at The University Press, Longmans, Green and Company, pp. 84-88.

-Florescano, Enrique (2003), Quetzalcóatl Mexica, lectura recuperada en http://enp4.unam.mx/amc/libro_munioz_cota/libro/cap1/lec02_quetzalcoatlmexica.pdf

-Gillespie, Susan D. (2008), “Pájaro-Serpiente” y la Gobernatura en Mesoamérica, en “Ideología política y sociedad en el periodo Formativo”, editado por Ann Cyphers y Kenneth G. Hirth, pp. 371-392, Instituto de Investigaciones Antropológicas, Universidad Nacional Autónoma de México, Ciudad de México.

-González Torres, Yolotl (1991), Diccionario de mitología y religión de Mesoamérica, México: Ediciones Larousse, ISBN 970-607-039-7.

-Historia de los Mexicanos por sus pinturas (1530), por fray Andrés de Olmos, Anales del Museo Nacional de México, 1882: Primera época (1877-1903), Tomo II, pp. 85-91.

-Kerr, J. (2002), The Myth of the Popol Vuh as an Instrument of Power. In Elin C. Danien and Robert J. Sharer, New Theories on the Ancient Maya, Philadelphia: University of Pennsylvania.

-López Austin, A., López Luján, L., Sugiyama, S. (1991), El Templo de Quetzalcóatl en Teotihuacán: su posible significado ideológico, Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas, Volumen XVI, número 62, pp. 36-46, Universidad Nacional Autónoma de México.

-Lucero, Lisa J., Panganiban, Jed (2015), The Ideology of the Absent: The Feathered Serpentand Classic Maya Rulership, University of Illinois at Urbana-Champaign Department of Anthropology.

-Martí, Samuel (1960), Simbolismo de los colores, deidades, números y rumbos, Instituto de Investigaciones Históricas, Estudios de Cultura Nahuatl 2, pp. 99-102, Universidad Nacional Autónoma de México.

-Moreno de los Arcos, Roberto (1967), Los Cinco Soles Cosmogónicos, Instituto de Investigaciones Históricas, Estudios de Cultura Nahuatl 7, pp. 202, 209, Universidad Nacional Autónoma de México.

-Piña Chan, Román (1977), Quetzalcóatl: Serpiente Emplumada,  Fondo de Cultura Económica, Sección de Obras de Antropología, México, D.F.

-Spero, Joanne M. (1987), Lightning Men and Water Serpents: A Comparison of Mayan and Mixe-Zoquean Beliefs, Master’s Thesis, University of Texas at Austin.

-Sugiyama, Saburo (1989), Iconographic Interpretation of the Temple of Quetzalcoatl at Teotihuacan, Mexicon, v. 10, n.4, pp. 68-74.

-Wirth, Diane E. (2002), Quetzalcoatl, the Maya Maize God, and Jesus Christ, Brigham Young University, Provo, Utah.

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